Historia y Cultura , Praga: Guía Praga: Republica Checa - Nozio 0%


Guía de Praga, Republica Checa


Autor: Stevacek





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Praga Historia Y Cultura, Republica Checa


La Praga antigua

La historia de Praga se fundamenta en numerosos testimonios arqueológicos que hablan de una tierra densamente poblada ya durante la prehistoria. En los tiempos del imperio romano, la importante presencia de los Boji, en latín Boemi, y de los pueblos germánicos, dio paso, a lo largo del siglo VI, a etnias de origen eslavo.

Cesadas las incursiones de los Tártaros y expulsados los Avaros en 623, fue nombrado emperador el comandante eslavo Samo, que devolvió la paz a toda la región durante una larga temporada. Hacia el año 830, tomó forma el Imperio de la Gran Moravia. En esta época, bajo el reinado de Ratislav y la obra de Cirilo y de Metodio, comenzó a difundirse el cristianismo en las tierras paganas.


La dinastía de los Premislitas
La caída del imperio por las invasiones de los hunos dio paso a la dinastía de los Premislitas, que ocuparon los suburbios del noroeste de la ciudad, la zona en la que actualmente está el Castillo de Praga. El gran mérito de esta dinastía se debe a la introducción de Bohemia en las tierras del Imperio Sacro Romano.

Recibida la Guía de Sicilia por parte de Federico II de Suabia (que convertía al príncipe en rey, introduciendo el derecho de herencia), los Premislitas reinaron hasta principios del siglo XIV, poco antes del advenimiento de Carlos IV. Gracias a ellos, durante la segunda mitad del siglo XI, Bohemia fue proclamada Reino, con sede en el Castillo de Praga.


Los tiempos de Carlos IV
Procedente de la casa de Luxemburgo, Carlos IV fue coronado a los 20 años rey de Roma y emperador de Bohemia. Pocos años después asumió el papel de emperador del Imperio Sacro Romano. Muy culto y enamorado de Praga, hizo construir la primera universidad de la Europa Central, así como una nueva zona de la ciudad (Nové Mesto). Praga se convirtió bajo su mandato en uno de los lugares más importantes de Europa.

Las epidemias de peste que sufrió el continente en el siglo XIV golpearon con fuerza la ciudad de Praga. Los precursores de la que sería la Reforma protestante de Lutero (con Jan Hus a la cabeza) vieron la causa de la peste en la corrupción de la iglesia católica. Hus ardió en la hoguera en 1415 y este suceso provocó en todo el país revueltas que desencadenaron las Guerras Husitas.


Los Habsburgo y el reinado de Rodolfo II

En 1458, la victoria de los Husitas dio paso al mandato del último rey bohemio, tras el fin de la dinastía de los Premislitas. Jorge de Podebrady, brillante pacificador. En 1471, la muerte de este rey dio paso a los reinados de la estirpe polaca antes del advenimiento de los Habsburgo en 1526. Convertida al catolicismo, en Praga reinó la paz y la estabilidad gracias a la diplomacia de Rodolfo II, que mantuvo quietas las ansias de la influyente nobleza protestante.

Rodolfo II fue el único emperador austriaco que ocupó la corte del reino en Praga. Era un hombre esquivo y fascinado por la magia, rodeado siempre de alquimistas, artistas y hombres de cultura como Kepler y Arcimboldo. Praga se convirtió en esta época en una metrópoli cosmopolita, efervescente y brillante, conocida por sus espléndidos palacios renacentistas y sus hermosas plazas.

Los sucesores de Rodolfo II y la desmañada gestión de la delicada cuestión religiosa dieron lugar al malestar de la población, que, con la célebre Defenestración de Praga (el acontecimiento decisivo en el que tres consejeros católicos del emperador fueron arrojados por las ventanas del castillo de la ciudad), dio paso en el año 1618 a la Guerra de los Treinta Años, un conflicto en el que se vio involucrada toda Europa.

Con la victoria de la Liga Católica en la Batalla de la Montaña Blanca de 1621, los Habsburgo acabaron con la rebelión y restablecieron su poder en Praga, germanizando las instituciones y relegando la ciudad a la periferia del imperio. El largo periodo oscuro de la ciudad concluyó a finales del siglo XVIII, después del memorable incendio del 1689, que destruyó Praga y dio inicio a una reconstrucción de carácter barroco.   


El lento renacer

En 1781, José II elaboró el Edicto de Tolerancia en materia religiosa y reunió los núcleos independientes de Stare Mesto, Nove Mesto, Hradcany y Mala Strana, creando así el núcleo histórico de la Praga que conocemos en la actualidad. En estos años, comienza el pausado renacimiento cultural que traería consigo en 1918 y en concomitancia con el fin del imperio el nacimiento de Checoslovaquia.

Praga, capital de Checoslovaquia, heredó del declive de los Habsburgo las industrias austriacas más importantes, que funcionaban de maravilla gracias a una superficie rica en materias primas y minerales. Estos años de felicidad, en los que el progreso técnico abrió las puertas al cine, a los tranvías eléctricos y a nuevas empresas, se vieron interrumpidos en 1938 por el Pacto de Mónaco y la invasión alemana con Hitler a la cabeza.
 

La dominación del Tercer Reich

Durante la segunda guerra mundial, Praga y su población, en aquel tiempo transformadas en el Protectorado de Bohemia y Moravia, vivieron en sus propias carnes la aberrante doctrina de la Solución Final.  Los hebreos de Praga y las etnias eslavas fueron duramente perseguidas y exterminadas hasta mayo de 1945, cuando finalmente la Armada Roja entró en Praga y liberó al país de los nazis.

En 1948, el golpe de estado del Partido Comunista Checoslovaco colocó a la nación en la esfera de la influencia de la URSS de Stalin, dando inicio a un totalitarismo que duraría más de 40 años, sobreviviendo a la Primavera de Praga, heredera de aquel “socialismo de rostro humano”, ideado por Alexander Dubcek y aniquilada en 1968 por la invasión del ejército soviético.  


Tras la “Revolución de Terciopelo”

Hasta 1989, Praga vivió bajo la camisa de fuerza de la llamada “normalización”, hecha añicos de forma delicada al día siguiente de la caída del muro de Berlín. Bajo la estela de la Perestroika de Gorbachov, la “Revolución de Terciopelo” (libre de derramamientos de sangre), dio paso a una nueva fase en la que se nombró presidente de la república al dramaturgo Vaclav Havel y se dio el declive del Partido Comunista.  

En 1993, la división de Checoslovaquia dio vida a la República de Eslovaquia y a la República Checa, cuya capital es Praga. La ciudad se presenta hoy como una de las metrópolis más importantes de la Unión Europea, un destino turístico importante y un relevante centro económico y cultural.    

 

Autor:Nozio



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