Historia , Turín: Guía Turín: Italia - Nozio 0%

Autor: Elisa








Turín Historia, Italia

Capital del Reino de Italia y sede del primer parlamento italiano, Turín tiene unos antiguos orígenes que se remontan hasta el remoto 27 a.C., año en el que, por iniciativa de Julio César, se funda Augusta Taurinorum.

Sólida y estructurada, abundante en formas geométricas típicamente imperiales y en calles que se cruzaban perpendicularmente, la ciudad conoció la violenta invasión lombarda y diversos reinados hasta convertirse en una marca autónoma en el umbral del año mil.

Dominada por los obispos, que la transformaron en un auténtico y verídico principado eclesiástico, la ciudad se desvinculó del poder clerical en 1236, gracias a la fuerza de las hacendadas familias de comerciantes, banqueros y terratenientes; la Piazza Palazzo di Città, cercana al mercado, fue el corazón de su poder económico y político en la Italia de las Ciudades-Estado.

En 1280, el advenimiento de los Saboya, poderosa dinastía europea cimentada en el territorio del reino de Borgoña, pone fin a la experiencia de las ciudades-estado y transforma rápidamente a Turín en una importante urbe. En esta época ven la luz la Universidad y las futuras sedes administrativas y económicas del Ducado de Saboya.

Con el declive de Chambery, la capital originaria de los Saboya, Turín va adquiriendo cada vez más importancia, hasta ocupar su puesto después del tratado de Chateau-Cambresis de 1563. Emanuele Filiberto, valeroso príncipe guerrero, edifica inmediatamente la Ciudadela y transforma el antiguo Palacio del Obispo en el actual Palacio Real, sede de su corte.

El dominio de los Saboya que se suceden al frente de la ciudad contribuye a ampliar Turín y a embellecerla con la Nueva Galería, el Parque Real y Mirafiori. El extraordinario desarrollo urbano sufre un frenazo en seco sólo cuando llega la peste en 1630 y comienzan a avivarse las contiendas con los vecinos franceses.

Con la subida al trono de Carlos Manuel II (1663), Turín goza de la paz necesaria para iniciar la construcción de Venaria Reale y dejar libertad a la brillante inspiración del arquitecto Guarino Guarini, al que se deben el espléndido Palacio de los Saboya-Carignano, la capilla de la Sábana Santa y la Iglesia de San Lorenzo.

Asediada por los franceses durante la guerra de secesión española, Turín se salva en 1706 gracias a la intervención de Victorio Amadeo y de su primo Eugenio de Saboya, uno de los generales más valientes del siglo XVIII. En este período se produce el heroico gesto de Pietro Micca, que se inmola con pólvora para derrumbar una de las galerías subterráneas que conducían hasta la Ciudadela e impedir, de esa manera, el asalto de los franceses. Una de las calles más bonitas de la ciudad está dedicada a Pietro Micca.

El tratado de Utrecht de 1713, que puso fin a la guerra, transformó el Ducado en el Reino de Cerdeña. Es la época de Victorio Amadeo y de las fantásticas obras de Filippo Juvarra, talento del Barroco italiano, autor de la Basílica de Superga y de la Iglesia del Carmen, de los palacetes militares y del pabellón de caza de Stupinigi.

Después de un breve período de dominación napoleónica — durante el cual se destruyen el cinturón amurallado y la antigua galería de Piazza Castello y el estado francés confisca todos los bienes eclesiásticos — el Congreso de Viena de 1815 devuelve Turín a Vittorio Emanuele I de Saboya.

Con la Restauración, la ciudad conoce casi inmediatamente los primeros fermentos carbonarios y mazzinianos, capaces de avivar la escena política y agudizar el conflicto con el Imperio austriaco. Nace así el Resurgimiento, a lo largo del cual la dinastía de los Saboya, la hábil diplomacia de Cavour y el heroísmo de Giuseppe Garibaldi, obtienen en 1861 la sufrida unidad de Italia, que asigna durante un breve período a Turín la función de capital.

Cedida primero a Florencia y después a Roma en 1870 la guía del País, Turín pierde su estatus, la burocracia estatal y todas las actividades relacionadas. Únicamente la construcción de fábricas y oficinas salva en estos años a los turineses de una grave crisis económica. El decisivo apoyo del ayuntamiento al aumento de las infraestructuras, la Exposición Internacional en el Valentino (1884), la fundación de FIAT y la creación de la industria del cine establecen las premisas decisivas para definir la importancia de Turín a comienzos del siglo XX.

Al menos hasta la depresión posterior a la Gran Guerra, la ciudad se transforma progresivamente en un moderno centro industrial, con un constante crecimiento demográfico y productivo. En los años 20, el fascismo, aunque por un lado agudiza los conflictos sociales entre el gobierno y los obreros, con su inicial dinamismo e iniciativa, se revela útil para los balances de FIAT, que cada vez atrae a Turín a un número mayor de inmigrantes vénetos y meridionales.

Es justamente la inmigración la que, inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y de los duros meses de lucha para liberar la ciudad del nazismo y el fascismo, caracteriza la vida de Turín. Dicha inmigración determina algunos significativos cambios estructurales, con la inevitable construcción de barrios enteros de viviendas populares para acoger a la nueva masa obrera de FIAT, Lancia y Olivetti.

Convertida en una de las principales ciudades industriales de Europa y superado el millón de habitantes, Turín metaboliza los grandes cambios sociales vigentes y vive de lleno el boom de los años 60 y las primeras crisis de FIAT, causadas por el aumento del precio del petróleo, antes de sufrir las reivindicaciones sindicales que desembocan en el Otoño Caliente, el desencuentro social y la final "Marcha de los 40 000".

El posterior aplacamiento de la conflictividad social y el gobierno de centro izquierda favorece la recuperación de FIAT y el último cambio significativo de Turín en una ciudad atenta al sector terciario, en la que los servicios, las finanzas y la cultura parecen ser los sectores más propensos para el desarrollo económico.

La Turín de hoy es la elegante capital de eventos como los Juegos Olímpicos de Invierno de 2006, el Salón del Gusto y tantas otras celebraciones importantes, una ciudad ahora multiétnica que se enfrenta a la difícil realidad de la inmigración, innegable recurso y gran reto desde el punto de vista de la integración social y económica.

Autor:Nozio



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